Presentarse ante la casa...
Abrí la puerta del último piso. Sin saber cómo ni por qué me sentía algo nerviosa aunque ya conocía lo que había dentro. Abrí las ventanas, el aire estaba muy recargado. Las vistas daban al jardín de un parque en el que dí mi primer beso a mi primer enamorado ya hace casi 20 años, cuando yo era aún una adolescente (pero no de esas tontas que circulan por ahí). Hasta la luz del salón al entrar en aquella casa me pedía que las cortinas debían descorrerse a gritos; que debía cobrar vida y que yo estaba allí para revivir aquella casa apagada. El polvo casi arenoso en cada mueble y detalle, indicaba que la casa llevaba tiempo inerte y sombría. La casa me contaba su historia entre susurros, cada rincón y cada detalle al pasear y hacer un reconocimiento de primera mano, era para mí un diálogo con ella para encontrarnos ambas y reconocernos. Siempre he pensado que una casa está viva y que es importante ser educados.
El primer día uno debe ser paciente y educado con la casa. Uno debe presentarse ante el lugar donde va a vivir un tiempo, aunque sea poco, ser cuidadoso y educado, como en la película Bajo el Sol de la Toscana, una película que me encanta por cierto. El primer análisis de daños y reconciliación con la casa, me pedía una limpieza urgente del polvo y ácaros que mi piel no lleva nada bien, la casa también me lo pedía y me alegré que ambas estuviéramos de acuerdo.
Dejé las cosas en la habitación mas sencilla de la casa, sobre la cama y me dispuse manos a la obra. Primero comprar y bajar a por las cosas necesarias de primera mano en un hogar: comida, productos para limpiar, trapos y sobre todo la recompensa necesaria para después de tanto trajín respirar y sentirse satisfecho - "chocolate", unos donuts, y quizá hoy te mereces una cocacola... pero sobre todo, algún aceite de olor, inciensos y algo que te recuerde a tus costumbres.
Impresionantes copas de épocas impredecibles, manteles bordados algunos a mano, un juego de café (el mas horrible que he visto en mi vida con unas flores estampadas en color naranja butano en una loza de color blanco que supongo que nadie querría...) una estatua pesada de un hidalgo tocando la flauta hecha en forja o sabe Dios que material medía desde el suelo hasta mi cintura (me pregunto para que serviría esa estatua, me costó moverla hasta para limpiar), suelos de madera que pedían a gritos una fregona, un reloj del siglo XVI y recuerdos de la guerra con candelabros corados y cuadros y fotos del Madrid antiguo, cortinas caladas verdes de la época de nuestros padres, y una cocina que hablaba de unos muebles blancos que hacía tiempo que nadie les daba un repasillo por su color amarillento... ¡Es impresionante lo que puede contarnos una casa!.
Cuando se barre una casa, una servidora siempre ha tenido la costumbre de barrer desde la parte mas recóndita y escondida, hasta la puerta de entrada, sacando así todo hacia la puerta, de esa forma se dice (no se donde lo leí) que se sacan todas las cosas y aspectos negativos y que es una forma de reorganizar las energías que en la casa se mueven y sacar lo malo que hubiera podido quedar en ella. Bueno pues así lo hice, como buena defensora del Feng Shui, y que procuro aplicar siempre que puedo, decidí hacer unos cambios importantes en cada una de las estancias y tras pegarme una buena paliza con mi pañuelo en la cabeza me presenté a la casa y la dejé como la patena reorganizando y moviendo algún que otro mueble, limpiando en húmedo y haciendo las cosas necesarias para decir "si, realmente ahora está limpia..." . Tras terminar, me dispuse a entrar en la cocina, con agua caliente, jabón y lejía limpié las encimeras y me dispuse a calentar un té... Había comprado uno nuevo con manzana y especias que prometía mucho.
Me tomé el té mirando por la ventana de la cocina, el paisaje y el radiante sol que por fín podía pasar tras correr las persianas. Abrí la tableta de chocolate y me tomé tranquilamente mi onza mirando unos niños pasear un perro.
Deshice la maleta y coloqué todo en el armario, tras limpiarlo y aunque odio el olor a naftalina puse uno por si ACA. Rehice la cama, puse sábanas limpias y la cambié de posición, puse la cama al lado de la ventana, me gusta que me despierte el Sol. Tras tener todo colocado, hice una ensalada generosa con toda clase de cosas y me dispuse a comer tranquilamente encendiendo el televisor. Era tarde, comí a las 6 creo que me tiré bastante tiempo limpiando. Tras instalarme, y terminar después de comer de organizar la nevera y las cosas de primera necesidad para acabar al día siguiente con todo, cené algo ligero y caí redonda en la cama tras un pequeño susto que me hizo ir al médico ese mismo día, pues tuve una nueva metrorragia. ¡No debes hacer esfuerzos! Me dijo el médico - ¡No te jode! ¡Díselo a la casa! hay unos mínimos para poder vivir y estar a gusto y yo no puedo vivir con tanto polvo y en una casa que no reuna unas condiciones de armonía... Total que creo que me dormí en el sofá al llegar y de madrugada salté zombie andando con pasos discontinuos hasta la habitación que había habilitado.
A la mañana siguiente el sol me despertó y supe que aunque sola, la casa me estaba diciendo: Buenos días...
Silvia.








2 - COMENTARIOS:
Vaya, yo también barro de la misma forma, y siempre lo he hecho de manera inconsciente!
Me ha encantado! Me he sentido muy identificada con la relación que tienes con las casas!
Un beso de domingo!
otro besote para tí mercedes
(muack)
Publicar un comentario en la entrada